Thursday, March 26, 2020

La Semana de la Pasión

     En el calendario antiguo de la Iglesia--es decir, en el calendario tradicional--se mantiene otros tiempos, fiestas, y observaciones. Más o menos se corresponden los dos calendarios, pero existen algunas diferencias que, de vez en cuando, me gusta explicar.
     Una de esas diferencias es la Semana de la Pasión, que es la semana antes de la Semana Santa. Todos los católicos conocemos la existencia de la Semana Santa, que empieza el Domingo de Ramos, incluye el Jueves Santo, Viernes Santo, y el Sábado de Gloria, y termina, ocho días después, con el día de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Pero por muchos años antes, observábamos también la Semana de la Pasión, en que la Iglesia conmemora la antipatía de los judíos en contra de Jesús, que lo acusan de brujerías y blasfemias. Durante esta semana, que empieza este domingo, el 29 de marzo, hay algunos cambios que se nota.
     Primero, y bajo circunstancias normales, se cubren las estatuas del templo. Los que son de santa Cecilia ya han visto esa costumbre, aunque la mayoría de las iglesias no utilizan esta práctica de cubrir las estatuas con velos morados. La idea es que la Iglesia, en cierto sentido, está ya a punto de entrar en la muerte con Jesús. Algunas personas hacen esto también en la casa. Es tiempo para meternos otra vez en las aguas bautismales, para salir el día de la Pascua renovados y purificados.
     Segundo, en la Misa Tradicional en latín, el padre omite el Salmo 42 (Júdica me) desde el domingo de la Pasión hasta el día Jueves Santo. Además, el padre no dice ya el Gloria Patri cuando lee la antífona de entrada y cuando lava las manos.
     Finalmente, van a notar un tono más fuerte y agresivo de las lecturas. Parece que Jesús no se va a escapar de los planes de los enemigos. ¡Pero Cristo no se quiere escapar! Por eso vino y por eso acepta la traición y la condenación.
     "Tomaron entonces piedras para lanzárselas; mas Jesús se escondió y salió del Templo." (Jn 8:59) Estas palabras, a la vez dulces y trágicas, nos recuerdan que el tiempo ya está cerca. ¡Que nuestra Madre Santísima, Madre de Todas las Almas y nuestro Perpetuo Socorro, nos acompañe durante este tiempo de la Pasión!

Novena al Perpetuo Socorro - Sexto Día

Novena de la Virgen del Perpetuo Socorro
     Delante de la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, se hace la señal de la Cruz. Antes de rezar la oración de cada día:

Me reconozco pecador
     Señor Jesús, mi salvador y redentor, reconozco el gran amor que me tienes, hasta haber dado tu vida por la mía. Me duele haberte ofendido; haber pecado contra ti y contra mi prójimo. Te ofrezco de ahora en adelante, con la ayuda de tu Santo Espíritu y la intercesión y perpetuo socorro de tu dulcísima Madre María Santísima, tratar de vivir como hijo tuyo. Amén.

Oración preparatoria para todos los días de la Novena
     Padre infinitamente sabio y misericordioso, que quisiste salvar a todos los hombres, enviando a tu Hijo Jesús, nacido de mujer, para que todos pudiéramos llegar a ser hijos tuyos, concédenos venerar a la gloriosa siempre Virgen María, Perpetuo Socorro de todos nosotros, sus hijos. Te lo pedimos por tu hijo Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

Consideración: Mujer, allí tienes a tus hijos.
     Santísima Virgen, con el corazón traspasado de dolor, acompañó a su Hijo hasta la cruz. Este fue el precio por nuestra salvación. Antes de morir, Jesús al ver a su Madre y al discípulo que tanto quería le dijo: "Mujer allí tienes a tu Hijo." Estas palabras la convierten en Madre de todos los hombres, representados en San Juan, que la recibe en su casa.
     Nosotros la hemos recibido amorosamente en nuestra casa como María del Perpetuo Socorro. En ella, tan cercana a su Hijo, hemos puesto nuestra esperanza. No olvidemos lo que tubo que pagar para que pudiéramos ser hijos de Dios. (oración)

Jaculatoria
     ¡Madre del Perpetuo Socorro, acuérdate que en la cruz, te nombró tu Hijo Jesús, Madre de los pecadores!

           Gozos
Socorro perpetuo eres
Ven pues te imploro
ven a mi socorro,
oh Madre de Bondad

Oye, Oh Virgen pura,
las súplicas fervorosas
que suben amorosas
a tu santo altar.

Manchado por culpa
la frente doblo y oro,
a tus pies imploro
clemencia y caridad.

Al alma descuidada,
libra de la tibieza,
y dale con presteza
fervor en la piedad.

En este triste valle
de padecer cansado,
de pido desdichado
consuelo celestial.

Si ruge la tormenta,
si mi virtud declina,
estrella matutina
mis fuerzas alienta.

A tu fiel devoto
del ánimo constante,
su paso vigilante
a la virtud guía.

En la postrera lucha
con la terrible muerte
feliz será mi suerte
si puedo exclamar.
                                           
En la prisión de fuego,
se dulce redentora,
mis penas, gran Señora,
dígnate aliviar.

Me sea permitido,
oh Madre tan querida,
por tierna despedida
cantemos sin cesar:
Ven a mi socorro
Madre de bondad.

Finalice rezando una Salve.   

Novena al Perpetuo Socorro - Quinto Día

Novena de la Virgen del Perpetuo Socorro
     Delante de la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, se hace la señal de la Cruz. Antes de rezar la oración de cada día:

Me reconozco pecador
     Señor Jesús, mi salvador y redentor, reconozco el gran amor que me tienes, hasta haber dado tu vida por la mía. Me duele haberte ofendido; haber pecado contra ti y contra mi prójimo. Te ofrezco de ahora en adelante, con la ayuda de tu Santo Espíritu y la intercesión y perpetuo socorro de tu dulcísima Madre María Santísima, tratar de vivir como hijo tuyo. Amén.

Oración preparatoria para todos los días de la Novena
     Padre infinitamente sabio y misericordioso, que quisiste salvar a todos los hombres, enviando a tu Hijo Jesús, nacido de mujer, para que todos pudiéramos llegar a ser hijos tuyos, concédenos venerar a la gloriosa siempre Virgen María, Perpetuo Socorro de todos nosotros, sus hijos. Te lo pedimos por tu hijo Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

Consideración: la más fiel discípula de Jesús fue su Madre María.
     Todo el tiempo que Jesús predicó, María estuvo presente a su lado, escuchando las palabras con que su Hijo anunciaba el reino de Dios. Fue la más fiel discípula de Jesús. En una ocasión el Señor dijo a la gente que por encima del parentesco, su Madre merecía ser llamada bienaventurada porque supo escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.
     Todo lo que pida María a su Hijo para nosotros nos lo concederá. Seguramente lo primero que le pedirá es que nos acerquemos a Él para escuchar su palabra y ponerla en práctica. Así seremos como ella, felices y bienaventurados. (petición)

Jaculatoria
     Madre Santísima del Perpetuo Socorro, haz que yo merezca ser llamado Hijo de Dios.


           Gozos
Socorro perpetuo eres
Ven pues te imploro
ven a mi socorro,
oh Madre de Bondad

Oye, Oh Virgen pura,
las súplicas fervorosas
que suben amorosas
a tu santo altar.

Manchado por culpa
la frente doblo y oro,
a tus pies imploro
clemencia y caridad.

Al alma descuidada,
libra de la tibieza,
y dale con presteza
fervor en la piedad.

En este triste valle
de padecer cansado,
de pido desdichado
consuelo celestial.

Si ruge la tormenta,
si mi virtud declina,
estrella matutina
mis fuerzas alienta.

A tu fiel devoto
del ánimo constante,
su paso vigilante
a la virtud guía.

En la postrera lucha
con la terrible muerte
feliz será mi suerte
si puedo exclamar.
                                           
En la prisión de fuego,
se dulce redentora,
mis penas, gran Señora,
dígnate aliviar.

Me sea permitido,
oh Madre tan querida,
por tierna despedida
cantemos sin cesar:
Ven a mi socorro
Madre de bondad.

Finalice rezando una Salve.   

Tuesday, March 24, 2020

Novena al Perpetuo Socorro - Cuarto Día

Novena de la Virgen del Perpetuo Socorro
     Delante de la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, se hace la señal de la Cruz. Antes de rezar la oración de cada día:

Me reconozco pecador
     Señor Jesús, mi salvador y redentor, reconozco el gran amor que me tienes, hasta haber dado tu vida por la mía. Me duele haberte ofendido; haber pecado contra ti y contra mi prójimo. Te ofrezco de ahora en adelante, con la ayuda de tu Santo Espíritu y la intercesión y perpetuo socorro de tu dulcísima Madre María Santísima, tratar de vivir como hijo tuyo. Amén.

Oración preparatoria para todos los días de la Novena
     Padre infinitamente sabio y misericordioso, que quisiste salvar a todos los hombres, enviando a tu Hijo Jesús, nacido de mujer, para que todos pudiéramos llegar a ser hijos tuyos, concédenos venerar a la gloriosa siempre Virgen María, Perpetuo Socorro de todos nosotros, sus hijos. Te lo pedimos por tu hijo Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

Consideración: "Hagan como Él les diga."
     Jesús aparece desde el primer momento de su vida pública acompañado de su Madre. En las bodas de Caná, María, compadecida por la vergüenza que podrían sufrir los novios por no tener suficiente vino para la fiesta, le pide a su Hijo Jesús, que remedie la situación, y ordena a los sirvientes: "Hagan lo que él les diga." Así María, con su intercesión, hace que el Señor comience los milagros que lo acompañaron durante toda su vida pública.
     El corazón de María, como Madre que es, está pendiente de las necesidades de sus hijos, aún cuando no se lo pidan; mucho más para aquellos que recurren a ella como Perpetuo Socorro en las situaciones difíciles de la vida. Sólo nos pide estar atentos a Jesús, para hacer lo que él nos diga. (petición)

Jaculatoria
     ¡Madre del Perpetuo Socorro, haz que siempre esté dispuesto a hacer lo que tu hijo pida de mí!

           Gozos
Socorro perpetuo eres
Ven pues te imploro
ven a mi socorro,
oh Madre de Bondad

Oye, Oh Virgen pura,
las súplicas fervorosas
que suben amorosas
a tu santo altar.

Manchado por culpa
la frente doblo y oro,
a tus pies imploro
clemencia y caridad.

Al alma descuidada,
libra de la tibieza,
y dale con presteza
fervor en la piedad.

En este triste valle
de padecer cansado,
de pido desdichado
consuelo celestial.

Si ruge la tormenta,
si mi virtud declina,
estrella matutina
mis fuerzas alienta.

A tu fiel devoto
del ánimo constante,
su paso vigilante
a la virtud guía.

En la postrera lucha
con la terrible muerte
feliz será mi suerte
si puedo exclamar.
                                           
En la prisión de fuego,
se dulce redentora,
mis penas, gran Señora,
dígnate aliviar.

Me sea permitido,
oh Madre tan querida,
por tierna despedida
cantemos sin cesar:
Ven a mi socorro
Madre de bondad.

Finalice rezando una Salve.   

Monday, March 23, 2020

Novena al Perpetuo Socorro - Tercer Día

Novena de la Virgen del Perpetuo Socorro
     Delante de la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, se hace la señal de la Cruz. Antes de rezar la oración de cada día:

Me reconozco pecador
     Señor Jesús, mi salvador y redentor, reconozco el gran amor que me tienes, hasta haber dado tu vida por la mía. Me duele haberte ofendido; haber pecado contra ti y contra mi prójimo. Te ofrezco de ahora en adelante, con la ayuda de tu Santo Espíritu y la intercesión y perpetuo socorro de tu dulcísima Madre María Santísima, tratar de vivir como hijo tuyo. Amén.

Oración preparatoria para todos los días de la Novena
     Padre infinitamente sabio y misericordioso, que quisiste salvar a todos los hombres, enviando a tu Hijo Jesús, nacido de mujer, para que todos pudiéramos llegar a ser hijos tuyos, concédenos venerar a la gloriosa siempre Virgen María, Perpetuo Socorro de todos nosotros, sus hijos. Te lo pedimos por tu hijo Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

Consideración: Dichosa y fiel la que creyó
     Cuando María supo que su anciana prima esperaba también un hijo, se puso en camino para visitarla y brindarle su apoyo. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre y llena del Espíritu Santo exclamó: "¡Dichosa tú que has creído!, ¿quién soy yo para que me visite madre de mi Señor?"
     La fe de María iba creciendo calladamente. Aún cuando no comprendía todo lo que pasaba a su alrededor, su fe en Dios era firme. Por eso mereció el título de "dichosa y feliz."
     Ella nos enseña como tener fe ante las circunstancias de la vida, para encontrar en ellas mensajes de Dios. (petición)


Oración para todos los días a nuestra Señora del Perpetuo Socorro
     ¡Oh Virgen dulcísima, que para darnos confianza ilimitada tomaste el hermoso nombre de Madre del Perpetuo Socorro! Te suplicamos que nos socorras en todo momento y lugar: en nuestras tentaciones, después de nuestras caídas, y sobre todo, en el trance de la muerte, para que acudiendo siempre a ti, como a la más cariñosa de las madres, podamos alabarte y bendecirte en el cielo, por los siglos de los siglos. Amén.

Jaculatoria
     Virgen del Perpetuo Socorro: que tu nombre jamás se aparte de nuestros labios ni se aleje de nuestro corazón.

           Gozos
Socorro perpetuo eres
Ven pues te imploro
ven a mi socorro,
oh Madre de Bondad

Oye, Oh Virgen pura,
las súplicas fervorosas
que suben amorosas
a tu santo altar.

Manchado por culpa
la frente doblo y oro,
a tus pies imploro
clemencia y caridad.

Al alma descuidada,
libra de la tibieza,
y dale con presteza
fervor en la piedad.

En este triste valle
de padecer cansado,
de pido desdichado
consuelo celestial.

Si ruge la tormenta,
si mi virtud declina,
estrella matutina
mis fuerzas alienta.

A tu fiel devoto
del ánimo constante,
su paso vigilante
a la virtud guía.

En la postrera lucha
con la terrible muerte
feliz será mi suerte
si puedo exclamar.
                                             
En la prisión de fuego,
se dulce redentora,
mis penas, gran Señora,
dígnate aliviar.

Me sea permitido,
oh Madre tan querida,
por tierna despedida
cantemos sin cesar:
Ven a mi socorro
Madre de bondad.

Finalice rezando una Salve.   

Sunday, March 22, 2020

Novena al Perpetuo Socorro - Segundo Día


Novena de la Virgen del Perpetuo Socorro
     Delante de la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, se hace la señal de la Cruz. Antes de rezar la oración de cada día:

Me reconozco pecador
     Señor Jesús, mi salvador y redentor, reconozco el gran amor que me tienes, hasta haber dado tu vida por la mía. Me duele haberte ofendido; haber pecado contra ti y contra mi prójimo. Te ofrezco de ahora en adelante, con la ayuda de tu Santo Espíritu y la intercesión y perpetuo socorro de tu dulcísima Madre María Santísima, tratar de vivir como hijo tuyo. Amén.

Oración preparatoria para todos los días de la Novena
     Padre infinitamente sabio y misericordioso, que quisiste salvar a todos los hombres, enviando a tu Hijo Jesús, nacido de mujer, para que todos pudiéramos llegar a ser hijos tuyos, concédenos venerar a la gloriosa siempre Virgen María, Perpetuo Socorro de todos nosotros, sus hijos. Te lo pedimos por tu hijo Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

Segundo día
     María enriquecida por Dios con todos los dones, como la más grande de los santos, es saludada por el ángel como la "llena de gracia". Ella, que sobresale entre todos los humildes y pobres del Señor, responde al mensajero celestial: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra."
     El amor tan grande que María tenía por Dios, la hizo siempre fiel y atenta a lo que el Señor pedía de ella, sintiéndose la más humilde y pequeña de todas las criaturas.
     Ella espera de nosotros ese mismo amor y confianza en Dios, nuestro Padre, y para lograrlo, se presenta a nosotros como nuestro Perpetuo Socorro para quien lo solicite. (petición)

Oración para todos los días a nuestra Señora del Perpetuo Socorro
     ¡Oh Virgen dulcísima, que para darnos confianza ilimitada tomaste el hermoso nombre de Madre del Perpetuo Socorro! Te suplicamos que nos socorras en todo momento y lugar: en nuestras tentaciones, después de nuestras caídas, y sobre todo, en el trance de la muerte, para que acudiendo siempre a ti, como a la más cariñosa de las madres, podamos alabarte y bendecirte en el cielo, por los siglos de los siglos. Amén.

Jaculatoria
     Virgen del Perpetuo Socorro: que tu nombre jamás se aparte de nuestros labios ni se aleje de nuestro corazón.

           Gozos
Socorro perpetuo eres
Ven pues te imploro
ven a mi socorro,
oh Madre de Bondad

Oye, Oh Virgen pura,
las súplicas fervorosas
que suben amorosas
a tu santo altar.

Manchado por culpa
la frente doblo y oro,
a tus pies imploro
clemencia y caridad.

Al alma descuidada,
libra de la tibieza,
y dale con presteza
fervor en la piedad.

En este triste valle
de padecer cansado,
de pido desdichado
consuelo celestial.

Si ruge la tormenta,
si mi virtud declina,
estrella matutina
mis fuerzas alienta.

A tu fiel devoto
del ánimo constante,
su paso vigilante
a la virtud guía.

En la postrera lucha
con la terrible muerte
feliz será mi suerte
si puedo exclamar.
                                             
En la prisión de fuego,
se dulce redentora,
mis penas, gran Señora,
dígnate aliviar.

Me sea permitido,
oh Madre tan querida,
por tierna despedida
cantemos sin cesar:
Ven a mi socorro
Madre de bondad.

Finalice rezando una Salve.   

Lectura De San Pedro - parte 15

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro - (3:1-18)

1 Queridos hermanos esta es la segunda carta que les escribo. En las dos les he recomendado algunas cosas, para que tengan un criterio exacto.
2 No olviden lo que ha sido anunciado por los santos profetas, así como tampoco el mandamiento del Señor Salvador, que los Apóstoles les han transmitido.
     Son las últimas palabras que tenemos de san Pedro, porque pronto va a ser ejecutado bajo las persecuciones romanas. Quiere dejar muy bien la importancia de la carta presente y de su mensaje principal. Este último capítulo, San Pedro conecta el trabajo de los apóstoles con el de los profetas, una conexión importante para entender la validez de la Iglesia.

3 Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones,
4 y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación?"
5 Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios.
6 A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio.
7 Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos.
     Un tema importantísimo de la carta es el cuidado que necesitan tener con los falsos profetas, infieles proclamadores de un mensaje chueco y mentiroso. Todavía la primera generación de los fieles viven, y ya encontramos la confusión y el error. No nos debe sorprender, entonces, que es la realidad en nuestros tiempos también. 
     Queremos que Jesús venga de nuevo para juzgar a vivos y muertos, y para establecer su Reino por los siglos de los siglos; en la Misa proclamamos eso: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección; ven Señor, ven Señor Jesús! El último juicio será un día terrible para los impíos, y un día glorioso para los fieles. Los que dudan y los que creen van a ver la realidad, pero los unos para su condenación y los otros para su alegría. Tengan paciencia, pues, con los que se burlan de la "tardanza" de Dios en llegar; pero debemos estar 

8 Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día.
9 El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.
10 Sin embargo, el Día del Señor llegará como un ladrón, y ese día, los cielos desaparecerán estrepitosamente; los elementos serán desintegrados por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será consumida.
11 Ya que todas las cosas se desintegrarán de esa manera, ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes,
12 esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego.
13 Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia.
     Es casi imposible para nosotros pensar en la existencia sin limites de tiempo. Para nosotros, la existencia y el tiempo van juntos: pasando los años, entendemos que nuestra existencia paso a paso se retrocede en este mundo. ¿Cómo va a ser la eternidad? Solo podemos imaginar, pero con conceptos casi inteligibles. La frase "per ómnia sæcula sæculórum" se refiere a esta idea. Traducida como "por todos los siglos de los siglos," en español entendemos que se refiere solamente a tiempo, porque un siglo es un período de 100 años. Pero en latín, la palabra sæcula quiere decir "siglo" (o sea, una medida de tiempo) y "secular" (una medida de la tierra o del mundo). La idea es que Cristo es Dios en todos los tiempos--presente, pasado, futuro--y en todos lugar--en el cielo, en el purgatorio, en la tierra, y en el infierno. Dios es todo en todo, en todo momento, en todos lugares. Y respondemos, "Amén," porque creemos en eso. Y aunque este mundo se desintegre o se desaparezca, no cambia nada de la existencia, el poder, la autoridad de nuestro Dios.
     Por eso, la frase "esperando la venida del Día del Señor" no debe ser entendida solamente o estrictamente como algo que va a pasar "en poco tiempo". No, más bien quiere decir que, lo más unido uno es a Cristo, también lo mas cerca está la persona a la gloria. Es urgente, entonces, que todos abracen a Cristo con fe.

14 Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche.
15 Tengan en cuenta que la paciencia del Señor es para nuestra salvación, como les ha escrito nuestro hermano Pablo, conforme a la sabiduría que le ha sido dada,
16 y lo repite en todas las cartas donde trata este tema. En ells hay pasajes difíciles de entender, que algunas personas ignorantes e inestables interpretan torcidamente -como, por otra parte, lo hacen con el resto de la Escritura- para su propia perdición.
17 Hermanos míos, ustedes están prevenidos. Manténganse en guardia, no sea que, arrastrados por el extravío de los que hacen el mal, pierdan su firmeza.
18 Crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria, ahora y en la eternidad!
     La despedida de san Pedro tiene es sencilla, firme, cariñosa; él da toda la gloria a Dios, algo que va a hacer con su propia muerte un poco después del envío de esta carta. Empezó como un pobre pescador, viviendo en la Galilea, observando la ley de los judíos y haciendo su trabajo en la oscuridad. Un día, el Señor Jesús quería usar su barquito para predicar a las personas que le había seguido a la costa del mar, donde Pedro y los otros pescadores limpiaban las redes. Después del milagro hecho en esa ocasión, Pedro siguió a Cristo personalmente por los tres años del ministerio público de Jesús; luego, movido por la inspiración del Espíritu Santo, declaró que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios Padre. Recibió el Espíritu Santo el día del Pentecostés, y así el Espíritu lo seguía guiando por el resto de la vida. Lo llevó a Roma, al capital del mundo, para establecer allí la Iglesia. Ahora, en sus últimos días, después de una vida completamente entregada al servicio de Cristo, nos invita a crecer en la gracia y en el conocimiento del Señor Jesucristo. Y termina con las palabras, tal vez el grito que luego hizo desde la cruz: ¡A él sea la gloria, ahora y en la eternidad! Y solo podemos responder: Amén. Que sea nuestra "Amén" una declaración auténtica como la de san Pedro.